Los obstáculos en la reconfiguración de los espacios culturales en Monterrey

Estabamos bromeando en el Facebook algunos que nos enteramos del estreno de un documental sobre el Café Brasil en el Festival de Cine de Monterrey, sobre si dejaría asentado el pésimo café de garbanzo en el mejor de los casos, de tintura y grasa vegetal en el peor, que ahí sirven…en el estira y afloja de la risa encontré una referencia en una ley para el control de la venta del café tostado de 1990, etc. donde se habla justamente del problema del café adulterado para sacarle provecho económico; así me pareció de pronto pertinente ligarlo esto a mi preocupación cada vez más creciente por el entrampamiento de las condiciones sobre las cuales los espacios culturales de diverso tipo en Monterrey se han dirigido, precisamente por una serie de prácticas como las que comentábamos, pero sobre todo por una noción de exterioridad, o de no implicación en las causas por las que Monterrey ha llegado a ser lo que es en esta primera década del siglo veintiuno, es decir, por qué los mismos espacios culturales e iniciativas de ciertos grupos de alternativa política, de “izquierda”, juveniles, etc. no han servido de contrapeso real a las formas normalizadas y entrampadas de lo sociopolítico en la ciudad y por ende no han sido modelos de nueva ciudadanía, no se atreven realmente a reconfigurar sus quehaceres y su implicación, y terminan tristemente no sólo corroborando, sino colaborando con la descomposición.
Muchos de estos espacios que surgieron en un cierto momento como puntos de encuentro y de contacto de un medio cultural y de un medio periodístico-político en busca de una apertura, en busca de servir como base de nuevas propuestas a diversos niveles, son en realidad una pálida sombra de lo que supondrían. Porque por ejemplo, está el caso de esas cantinas para jóvenes que reunen a la fauna urbana de todo tipo y a las tribus de todas las variantes, ofreciéndoles cerveza más o menos barata y conciertos de rock, pero pagando verdaderos sub-sueldos a sus empleados y por cierto claramente sin cumplir con las reglas más basicas de seguridad social, por no decir abiertamente que no tienen a sus empleados dados de alta como empleados pues…
O como el caso del mencionado restaurante del centro, que efectivamente habla de ser el punto de encuentro de los intelectuales de la ciudad, con una abierta postura de “izquierda” pero surte los alimentos de la más baja calidad y sobre todo esconde tras el camuflaje del menú con consciencia de clase, preparaciones aberrantes.
Cuando hablamos de reconfiguración de las prácticas y alternativas reales al abuso y a la desidia, a lo inescrupuloso y a lo perverso, que usualmente son calificativos que se asignan a los negociantes y usureros contra los que muchos de estos espacios supuestamente luchan o activan una alternativa, está justamente el reconocimiento de que asuntos así no sólo empañan la identidad y revelan una falta de compromiso real con los asuntos de una sociedad que se ha ido poco a poco a la chingada, sino que también nos dan a entender que cuando nos preguntamos cómo es que todo esto sucedió, comenzamos a reconocernos como parte del problema, pero además como el primer frente de donde no va a salir la solución de los problemas.
Eso sucede también con las revistas y espacios bloggeros que desde una perspectiva similar suponen estar dando rienda suelta a la actitud crítica, muchas veces con un notarojismo similar al de nuestros conocidos medios de comunicación electrónica, pero también desde una trinchera poco clara y más bien perfectamente inserta en el confín del poder político local, ya que funcionan unas gracias al mantenimieno coyuntural de empleos de los amantes o conyuges u lo que sea en oficinas públicas, los otros en base a la clásica aritmética respecto a lo que obtiene de ciertas áreas municipales y estatales, y más allá un poco más independiente pero igual de débil y embebida en la mentalidad regia que sólo vende y compra contenidos chovinistas repetidos por décadas ya: que si el orgullo de ser del norte, que si lo ahorrativo, que si la carta blanca, que sí, que sí, que sí…
Si a las instituciones culturales se les ha facilitado divulgar cultura desde su burbuja de proyectos sobados, y nadie les puede ya exigir otra cosa, a la “infra-clase creativa” local se le ha olvidado que para funcionar, es la más obligada a reconstituir una y otra vez los circuitos de emisión de sus propuestas, a estar modificando el papel que le toca jugar en una ciudad como la que ha llegado a ser esta, de reconfigurar las relaciones con su propio contexto, de insertarse en un modo de trabajo cultural y político que parta del reconocimiento real de que ya no somos lo que fuimos; porque en Monterrey quienes deben de llegar al nivel de hacer de los proyectos culturales empresas de nuevo tipo, como por ejemplo en Guadalajara lo está proponiendo Estándar, o en el defe mezcalerías como Felina o Bósforo, por mencionar algunas iniciativas que yo conozco, son precisamente los culpables de que un día común las verdaderas alternativas de consumo inteligente sencillamente ni las soñemos o ¿quién va a pensar que La Pirámide nos salvará del aburrimiento?

Monterrey es una ciudad con nichos de mercado inexplorados, y los “alternativos” culturales y políticos de la ciudad ni siquiera los intuyen, porque ahora no me van a salir los dueños y regentes de estos espacios, tanto reales como virtuales, que suponen un “valor social” para Monterrey. Na…se compran sus casas y sus camionetas y adquieren propiedas anexas a sus espacios para usufructuarlos, tal como cualquier inversionista de negocio…cualquiera.
No se reconoce que algo que le falta a esta ciudad, es generar optativas reales que se conviertan en un valor social y en un negocio a la vez, que vaya modificando preferencias e intereses y se convierta efectivamente en un proyecto empresarial-cultural, porque ahí no nomás ganaría el dueño o el regente del congal, sino que la clase creativa podría estar generando iniciativas que desprendan una actividad constante en proyectos, en rotación de ideas, de intereses, en fin, una serie de variables enriquecedoras, ligazón de iniciativas, sociales, artísticas, periodísticas, de negocios; eso haría reconocer a las esferas de poder que primero tienen un campo demasiado abierto y cambiante que coptar, por ende, quizás mejor un campo para asociarse, de pronto por cierto encuentran ahí que estos “activistas” y “críticos”, le hacen justicia en realidad a la canción de Juanga: se parecen tanto a estas élites…que no pueden engañarlas…pero hasta el momento no se ha hecho ni el intento de reestablecer cierta espontaneidad que en los 80 y 90 se dejó sentir en esa línea, por la cual élites, medianía social y clase creativa un poco menos infra que hoy, cohabitaron los espacios de la misma ciudad.
En Monterrey, La “reguetización” triunfa casi por igual que la “reguetonerización”…y al igual que aquí ni el rock, ni el punk ni el indie, en los gustos juveniles compite con La Recta y los Aficionados de Rómulo, en el espectro urbano cultural se está dando el mismo movimiento repelente que en las élites que se han alejado de sus calles y administran mejor sus circuitos blindados; pero para seguir con la arbitrareidad de la comparación, si en el reguetón como música de hiper fusión cohabitan espectros culturales variados y cambiantes, mutados pues, podría ser una imagen a reconsiderar para comprender a lo que me refiero, el espacio y el tiempo de lo cotidiano en Monterrey está pidiendo a gritos la reapertura, la reinvención de circuitos culturales y de consumo cultural, en el centro de la ciudad y en otros puntos urbanos, que destraben el itinerario acomplejado, aturdido, amedrentado por los balazos pero también por el mal café, la mala música, los baños desastrozos, la desidia de los operantes y peor, el engaño en la oferta…además de la cerveza caliente en algunos bares y restaurantes que se dicen “culturales”.