Monterrey como una mentira no superada.
Eramos tan perfectos
(…)
que apostábamos
y jugábamos
a parecer como el resto
Fangoria

Las demoliciones de las zonas antes “protegidas” del comercio informal regiomontano: Reforma y ahora Colego Civil, no desnudan una ciudad que se hubo quedado en 1983, es decir, no contrastan con lo que afuera de tales sombreados, arterias taponeadas por la piratería, la prostitución y lo que se imaginen, podría haber “evolucionado”; lo que expresan es que los alrededores no cambiaron tampoco con el paso de las décadas; no se modificó el espectro visual y la psicogeografía del entorno como podría pensarse de un centro de la ciudad. Antes bien las demoliciones revelan obviamente unas fachadas no tan desgastadas por el “bronceado” agresivo y definitivamente no como en Tepito cuando los desalojos de inicios de la década, no conectan esas arterias con submundos bifurcados hacia las cloacas urbanas.
En Monterrey la pauperización del Centro de la Ciudad se ha operdo tranquilamente desde 1983, cuando se decidió crear dichos recovecos y en ese sentido sale mucho más mal librado el exterior, y es que precisamente no es sólo el crecimiento poblacional que provocara un hacinamiento en ese sector luego de 28 años “en lo oscurito” de la “zona liberada”, es más bien lo contrario, es ahí donde más se nota la des-zonificación paulatina del primer cuadro, un ejercicio que ha tardado tanto pero que ha sido efectivo: Monterrey ya no existe más.
No hay Monterrey no porque no haya centro, sino que ya no hay centro porque éste no representa ya impacto ni comercial, ni simbólico, ni de tránsito, quizás político pero en un muy bajo grado; el “downtown” Monterrey no genera riqueza, es una carga económica para la ciudad (habría que dirimir bien esto), expresa el abandono que los habitantes de esta región han ido intensificando a sus espacios públicos y al ejercicio de ciudadanía dentro de ellos. Monterrey es ahora lo que Taniel Morales ha dicho del D.F. La República del Oxxo, nuestra ciudad es su capital.

Ni atraso, ni modernización, lo que revela el centro de la ciudad a la que ahora le recuperan Colegio Civil y Reforma, es que quedó aprisionada en 1983, solidificada a fuerza de una inercia urbanística que ha llevado a Monterrey a reconcentrarse en el norponiente, o ese otro Monterrey desperdigado hacia “El Cuadrado de las Bermudas” que supone el cruce entre San Nicolás, Apodaca, Juárez y Guadalupe” y que no es la famosa ciudad dormitorio de la década de los 80, sino efectivamente el traspaso de una incidencia socioespacial hacia los confines de una ciudad-opacidad, de efectivos no-lugares-públicos, del arrinconamiento pues de una población mosaico, que sigue siendo amalgamada en el concepto idólatra de lo “regio”.
La república del Oxxo ha arrinconado a sus ciudadanos en esos nuevos recovecos al aire libre pero opacos a las afueras del primer cuadro, ha recluído a sus consumidores y sobre todo a los microempresarios en la fantasía rentista del local comercial, ha empujado sus deseos al placer como supermercado, organiza la des-zonificación a la que ampara en la promesa de una ciudad 2.0 que no tiene mas que empleados domésticos para representar ciudadanía (Valle Oriente) y el obstáculo de la Loma Larga, que luego de Colego Civil y Reforma es el espacio a recuperar ahora, ese “hipergueto” surgido primero por la consecución de lo que antes fuera el síbolo de los posesionarios de los años 70 y que ha termiando “fundido” con las incursiones de “limpieza” de los escuadrones militares y policiacos de civil en Independencia, La Campana, Sierra Ventana y zonas aledañas.

Curiosamente el mismo fin ha tenido el “pulmón” urbano de la Carretera Nacional; en el mismo momento en que el máximo valor simbólico de la capacidad adquisitiva del Monterrey “pos-pusmoderno” se concentra en las Quintas de los 80 y se desplaza hacia la nueva élite transurbana de Las Misiones del 2011; en ese mismo momento, digo, los municipios del sur transforman el “caciquismo ranger” de los mismos 80, a los ranchos-casa de seguridad de los grupos del narcotráfico en pugna, es decir, tanto en el ámbito urbano como rural, el fenómeno iniciado también en aquella década, el de los negocios de seguridad privada, los tables dance, los usos de suelo tergiversados por corruptelas, etc., implosionan en este 2011 en la vida devenida Casino Winland y similares; la vida de cientos de miles de personas que diariamente se atrincheran durante las madrugadas en esos espacios, convirtiendo su ludopatía en el recurso económico con el que salen librados con amparos y extorsión dichos “consorcios”, mientras el toque de queda tácito que vive hoy la ciudad, manda a dormir incluso a la República Oxxo y Seven Eleven, quienes junto con las gasolinerías cerradas de madrugada, expresan claramente el No-Man’s Land al que estamos sujetos.
El modelo de “limpieza social” que han iniciado en Colegio Civil y Reforma (la faramalla de las retroexcavadoras es un signo no una necesidad) , La Caracól, La Campana, La Risca (se comenta en las calles que incluso los comandos disparan al aire para incitar el éxodo por miedo de los habitantes), es sólo el comienzo de un sucesivo aniquilamiento de ciertas viejas imágenes y ciertos obstáculos “humanos” por cierto, que les molestan a los que tienen la sartén por el mango en esta ciudad (siempre han visto Monterrey como suyo y evitado la diversificación del imaginario y su conciencia de sí); pero ello no significa que estén buscando un cambio, sino una confirmación de sus viejas reglas.
La suma de limpieza social, arrinconamiento geográfico, “guetización” ciudadana hacia arriba y hacia abajo, economía rentista, consumo vertical, lógica del narcoterror-terror policiaco da como resultado un eufemismo: Monterrey. Pero como lo he comentado en algunas reuniones, Monterrey ya no existe, está fragmentado en el ejercicio discrecional de sus instituciones públicas y privadas, es una imagen borrosa en la maraña mental de negociantes con simple vocación de abarroteros, que lucran aún con su supuesto prestigio “fundacional”. Monterrey ya no es Monterrey porque ahora existe en muchos niveles difíciles de correlacionar, contrastar y por cierto definir en primer lugar. ¿ Está en San Bernabé y en lo que queda de la Niño Artillero, está en Monte Kristal y en Las Pedreras; está en las bodegas en renta de Apodaca o tras los rieles en Santa Catarina; está en las callejuelas de la Moderna; está en Olinalá y en San Ángel sector tal o cual? ¿Lo representan los “hombres de negocios” en helicópteros que aterrizan en parajes fortificados en la Sierra Madre o en las camionetas blindadas que asoman las armas largas en la Nuevo Repueblo?
Pero para terminar vuelvo a 1983 y hago de nuevo la misma pregunta pero de otra forma: ¿Estaba Monterrey de aquellos años en la Macroplaza y en el Benavides de Morelos, y en el Dellano de Padre Mier? ¿Qué tipo de ciudadanos emprendedores eran aquellos que modelaban el comercio urbano en la Pulga Mitras y el Peny Riel ¿Qué Monterrey urbano era aquel de La Coyotera pero también el de La República y Revolución Proletaria y La Zapata? ¿O estaba en “la del Boiler” y en “Contry La Silla”? ¿Estaba la entraña del Monterrey obrero en Vitro y en Hylsa? ¿Monterrey se decidía en las oficinas de Alfa? ¿Era el ITESM la cara del Monterrey eternamente jóven y bello, eternamente inocente? ¿No nos parecen estas últimas preguntas precisamente ridículas porque el sujeto en ellas parece un personaje de mentiras ya superadas?
