Festivales en Monterrey: Crónica de un fracaso anunciado

Por Ángel Sánchez Borges

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Muchas más personas están unidas

esta noche en este festival que las

que estamos aquí físicamente

Catsup de Quiero Club, ante 80 personas en la audiencia en el MtyMx. 

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Queda muy mal sabor de boca luego de dos fines de semana de festivales en Monterrey. Tanto el Nrmal Fest como el MtyMx en donde la hasta cierto punto buena  calidad musical se vió empobrecida, empequeñecida por los mismos proyectos que se quedaron muy por debajo del nivel esperado,  matando el futuro, el suyo propio y el de la posible “escena” de una ciudad avasallada.  Como en los crímenes pasionales más básicos, primero asesinaron y luego se suicidaron.

Los dos fueron festivales hechos para un grupo de amigos y un par de centenas de extranjeros cuando mucho, festivales que fueron ignorados por el público “en general”, dejados a un lado, pequeños pueblos fantasmas que por las noches medio se activaron pero que dejaron claro que  en Monterrey no hay interés en empresas de este tipo a menos de que vengan “amparadas” en carteles televisivos y despliegues de payolazo a todo lo que da. 

Ni los nombres más o menos decentes que ofrecían los carteles, ni el disfráz de sentido común del que venían presumiendo los festivalistas, lograron rescatar estos dos grandes fracasos anunciados. El festival Nrmal se pareció más a una kermesse de colegio privado (wich it was) en donde sólo le faltó el registro civil y la cárcel, según palabras de un conocido promotor nacional, que pasó de plano como una tardeada de buenas intenciones, mezclada con paranoía de los provedores de la sede y una desatención total de las audiencias a la parte medular de la cosa: la música.

El festival MtyMx estuvo plagado de errores que no acabaríamos de enlistar, un verdadero terreno baldío, un desangelado por no decir, triste y pobre sentido de la producción, con un par de escenarios paupérrimos, si acaso un sonido decente, pero sobre todo el obstáculo, lo risible, lo amateur, lo tristemente cómico de lo actos de “indie” local.  Lo mejor que le pudo pasar a este festival es que no viniera gente, de lo contrario la cosa hubiese colapsado.

Uno se podría ensañar fácilmente con estos dos festivales failure, pero creo que la cosa va más bien por otro lado. Con lo que ha pasado deberán entender que la tarea está en la creación de públicos y en la verdadera intención de integrar diversos intereses culturales, es decir, por una parte en términos organizacionales, el modelo de festival que quisieron imitar no funciona sin una localización clara de las condiciones en las que se encuentra el interés de las audiencias por el tipo de producto que se está ofertando. En Monterrey la cultura de Austin y la referencia del SXSW no es un valor en sí, no es un modelo de recurso cultural y Monterrey podrá tener la infraestructura para imitarlo, pero responde a otro tipo de relación contextual, y de esa manera los dos festivales quedaron como remolque de su intento cuando pudieron ser dos apuestas efectivas de acción cultural local.

Además, los dos festivales se pasaron por el arco del triunfo que mucho de su público “entendido” vendría de otras ciudades de México, dejen ustedes de lado lo que ya comenté antes, de la ignorancia y desapego respecto al talento nacional, ¡pero el público de Guadalajara, Tijuana, DF y ciudades aledañas del noreste que vinieron al festival, que pagaron aviones de miles de pesos, que consumieron comidas, bebidas y cuartos de hotel en la ciudad como “turistas especializados”, esa gente, inisisto, era justamente el “público de calidad” , los “expertos” que adquieren este tipo de bienes culturales y se fueron totalmente decepcionados de lo que el “moderno Monterrey” les ofreció.

Festivales que ignoran la realidad de su público local y desprecian el interés de su público nacional son proyectos culturales muertos de antemano, y a posteriori no queda duda, aunque bastaba el ejemplo de Dj Rudd, uno de los encargados del line-up de Nrmal cuando me dijo por Facebook: “después de todo la gente es una ignorante”…más claro ni el Sprite Cero. Ahora ¿lo que quieren son gringos? Pues un “resort” en la Presa de la Boca y una oferta de catamaranes “esprinbreiqueros” les hubiesen funcionado mejor que “jugar a Austin”.

La otra parte medular es la de la “integración”, famosa integración de intereses culturales que en este caso habrían sido musicales.  Quizás en Monterrey la clave está en anclar un tanto cuanto más estas iniciativas con una diversidad sónica que no sólo pase por el “rock independiente”; es más, históricamente en Monterrey el rock no ha sido la base de las relaciones culturales forjadas por y alrededor de la juventud, mucho menos el rock alternativo y similares, así que una clave está quizás en ampliar el espectro de forma sonoras y de géneros musicales, en última instancia lidiar con otros públicos en el sentido de entender cuáles son las verdaderas necesidades musicales de poblaciones más amplias; pero nooooo, en el fondo ¿no quieren estos “indie kids” vivir encerrados en su pequeño grupo de amigos, en su ambiente familair, en su “gustito musical” exclusivista y emblemático de su superior style?

Después de estos dos fracasos anunciados viene lo peor, la resaca cultural en una ciudad prácticamente “sitiada”, una escenita que ya se vio las caras en quince días más que en seis meses y que de plano estará asqueada de sí, les quedarán las deudas a los festivalistas, que podrán pagar con el recurso de papi unos, y otros que quizás tendrán que ir juntando como vaquita, poco a poco, en algun “minifest” recuperador con el listado usual de banditas locales, las mismas que “engalanaron” las noches de este último fin de semana en el Autocinema Las Torres; yo mientras me quedo y me cuento entre las quizás 90 personas, a las que les  quedará el recuerdo de los Acid Mother´s Temple que como en una misa vudú, tomados en su alma por el espíritu de Jimi Hendrix, ofrecieron la media hora musical más interesante de los últimos 10 años en esta ciudad.