EL AUTO ARRINCONAMIENTO FELÍZ

Por Ángel Sánchez

El descontento que impera en el ámbito cultural sobre el Conarte ha llevado a los representantes de los gremios artísticos a hacer sólida una oposición en la última junta de consejo y detener dos proyectos que se pretendía impulsar como por “fast track” y que de alguna manera demuestran el grado de deterioro que conocemos en Conarte, pero que también apuntarían a una continuidad en la profundidad  de las problemáticas, es decir, el Conarte como una vía libre para la asignación de recursos a proyectos dudosos por no decir, directamente nocivos para el organismo.

Los vocales han hecho una importante labor al cuestionar la continuidad del proyecto de la llamada Oficina de Coordinación de Producción  y Promoción  Cinematográfica, que dirige Rodrígo González, una especie de proyecto en paralelo a los gremios para atraer proyectos fílmicos e impulsar las locaciones y la infraestructura de producción que habría en nuestro Estado.  El problema es que esa oficina no ha demostrado avances sustantivos en su labor y nadie sabe a ciencia cierta cuál es su necesidad, por lo que ya era hora de que se parara políticamente y se exigiera un estudio sobre su pertinencia.

Se ha hablado de que esa oficina operaría mejor estando bajo la responsabilidad  y los recursos de la Secretaría de Turismo, y el mismo director del Centro de las Artes, el infame Reynold Guerra, en un primer momento se habría mostrado decidido a impulsar esa opción cuando consideraba que la manera de actuar de Rodrigo González era impertinente y que los recursos que se destinan a la oficina de cinematografía, mejor deberían de pasar al pauperizado Centro de las Artes, pero Guerra en la más reciente junta cambió de opinión, quizás finalmente acatando la línea de quien políticamente sostenga a González y por ende impulsando la propuesta oficial de la presidenta del Consejo de seguir beneficiando a esa oficina de promoción fílmica a toda costa.

Esta circunstancia es insostenible cuando analizamos la reducción presupuestal del Conarte y el desequilibrio que produce por ejemplo respecto a los apoyos directos a artistas e intelectuales, y sobre todo a las culturas populares, áreas que se han visto considerablemente reducidas en su capacidad de operación.  Carmen Junco no ha puesto atención al hecho de que precisamente esa oficina de promoción es uno de los proyectos que debe demostrar su verdadero valor o desaparecer, cosa que se le está exigiendo ahora gracias a la labor de los vocales de las diferentes disciplinas artísticas que ven cómo la nueva presidenta no está trayendo realmente los buenos y nuevos aires al Conarte que esperábamos de ella.

El desconocimiento de la ley del Conarte los llevó incluso a votar, a Junco y a Katzir Meza, secretario técnico del Consejo, a la hora de estar resolviendo los asuntos que visiblemente iban a ser en contra de su propuesta en la última reunión de Consejo, lo que ha desatado aún más los problemas porque podría estárseles exigiendo que no puedan estar presentes en las próximas deliberaciones; sin embargo a pesar de la manera impropia de actuar, la propuesta no pasó, así como aquella que permitiría apoyar con recursos del gobierno a ONG´s a través del “pasadizo de recursos” llamado Conarte, etiquetando esos apoyos como culturales. Este pasadizo natural le lleva al Museo de Arte Contemporáneo (Marco) alrededor de 10 millones de pesos “por default” y al Ballet de Monterrey alrededor de 7 millones de pesos, siendo que estas dos instancias no son ONG´s en strictu sensu, sino A.C.

Se agudiza la imposibilidad de operar a sus anchas, eso ya es algo, y en este momento Carmen Junco se muestra enojada y decepcionada, pero precisamente porque no puede dirigir las riendas de lo que le encomendaron, debido primordialmente a que los que se lo encomendaron quieren seguir utilizando el pasadizo a su antojo. Los gremios no están dispuestos a tolerar esto y están actuando políticamente y exigiéndolo a través del mismo poder que les confiere el consejo. Por eso mismo de alguna forma están reactivando lo que parecía muerto desde hace años, y por una vez cuando menos parece que Conarte es lo que ha debido ser siempre; lo único que les quedaría si no en breve sería convertir de nuevo el Consejo en Secretaría y volver todo ello cínicamente en discrecional, como en el fondo lo desean incluso aquellos que han pregonado desde siempre los más altos valores culturales democráticos y humanísticos y resultan pertenecer a la parvada de aves de rapiña cultural a los que les conviene la descomposición del organismo para eirigirse como los únicos héroes salvadores posibles.

La fuerza de los vocales y quizás su representatividad ante los gremios, es muy poca, hay que tenerlo en cuenta; es muy poco el interés que los mismos artistas tienen en su gremio aunque estén en el padrón de Conarte, y mucho menos interés tienen en ser determinantes en la discusión, como el mismo José Eugenio Sánchez que prefiere hacer “chistosadas” exhibicionistas que terminan en una especie de cura en salúd, y convertir finalmente en un performance  la desmoralización  ( el caso de la duplicación de actas), así como el descaro “subnormalizador” de activistas de circo que proponen bromas como la de hacer director de la cineteca a un “cineclubista” de cantina. Justamente eso es todo lo que queda, reírse de la simulación graciosa y a fin de cuentas hacer uso del último recurso conciliador: al auto-arrinconamiento felíz.

Post Scriptum

El sábado 6  de marzo del 2010, a unos días de que se de la reunión extraordinaria para aprobar finalmente el presupuesto de este año para Conarte,  se da la noticia de que el Instituo Mexicano de Cinemtografía, está exigiendo cuentas sobre los recursos asignados al documental Doce Onzas, de Patricio Serna, que por cierto no está oficialmente considerado el responsable del proyecto sino un, al parecer inexistente, “Jesús Mario Martínez” ; pero lo cierto es que ese dinero no se ha ocupado en el avance del filme que lo recibió desde el año 2008, por lo que el Comité Técnico del IMCINE estaría ya viendo la posibilidad de cancelar el proyecto y por ciero exigir el retorno del apoyo. (VER NOTA DE MILENIO AQUÍ)

Este caso como el de la duplicación de actas en el concurso Foneca 2010 está agravando la situación de la relación entre Conarte y las instancias federales que otorgarn recursos para proyectos en común y hace notar claramente la ausencia de seriedad y de transparencia del organismo estatal, que con ello se pone en una posición bastante desventajosa y en duda; en el caso concreto de la película cuestionada por el IMCINE, esto se relaciona con el asunto de la continuidad de la oficina a cargo de Rodrigo González porque su nombre aparecería como productor de la película Doce Onzas, y tomando en cuenta las fechas de la premiación, coincidirían con el tiempo en que aún era vocal de Conarte, con lo que se demostraría su participación en un ilícito.

La cosa se le está complicando de más a Carmen Junco, desde el momento que el “cochinero” que dejó Romeo Flores en el Conarte, le está salpicando mientras que  a la vez el Consejo está activando su verdadera vocación de contraste de ideas y debate de las mismas, además de un accionar político que estuvo dormido desde los tiempos de Alfonso Rangel Guerra, esos dos últimos personajes oscuros que han entrampado seriamente al organismo.  Pero Junco deberá de establecer ya de una vez su liderazgo si no quiere verlo también diluido entre los dos frentes, quienes quieren seguir mandando por debajo del agua (¿qué le susurra al oído Alejandra Rangel a Junco?) y quienes exigen aún más transparencia y la activación democrática del Conarte; en este instante la segunda vía ha comenzado su beligerancia real y Carmen Junco debería de agradecerlo porque coincidir con esta opción podría ser la mejor manera en que ejerza el poder co-presidiendo Conarte  y sacarlo del atolladero.