NUESTRAS ÉLITES ESTÁN DESOLADAS (primera entrega)

por Ángel Sánchez Borges

De hecho, para obtener las mejoras más simples en

las relaciones sociales, hay que movilizar una ener-

gía colectiva tan extraordinaria, que si la importancia

real de esta desproproción apareciese bajo su aspecto

verdadero a la conciencia pública, actuaría como un

factor de desaliento…

Esta horrorosa desproproción debe ser atenuada

considerablemente para las conciencias, mediante

una amplificación artificial y repleta de mitología

de los resultados esperados, llevada a proporciones

que responden más a la suma de esfuerzos compro-

metidos y cuya importancia es ya imposible esconder,

ya que se siente directamente. Esas deformaciones,

que observadas desde el exterior, tienen un aspecto

fantástico, son la obra de las ideologías que, por esa

razón, constituyen la condición indispensable del pro-

greso social.

Lesszek Kolakowski: Responsabilidad e Historia

1.- La regiomontaneidad por reinventar.

Aunque no lo percibamos claramente, sobre todo debido a que no se expresa como una conciencia política específica, pero sobre todo porque aún no comienza a activar instancias y empresas de manifestación alterna, la sociedad regiomontana cambió ya, se diversificó pero no sólo eso, supondríamos que ha estado alcanzando un grado de conciencia que en un momento dado la llevará a plantearse la necesidad de restituir la cohesión social, de una manera inédita en nuestro contexto.

Esto lo digo sólo basándome en una intuición, lo reconozco, pero tengo que darle sentido a mi intuición y relacionarlo con una serie de “sentires comunes” que he palpado en los últimos años entre jóvenes, viejos, académicos, artistas, amigos de la vida nocturna, etc. Inclusive me atrevo a decir que la nueva cohesión regiomontana no se derivará de una explosión colectiva como consecuencia de una radicalización de la violencia física y de la barbarie de las pistolas; no, no será un “ya basta” que es a lo que se pretende orillarnos, sino que precisamente la amenaza constante, el discurso del callejón sin salida, están siendo las últimas patadas de ahogado de las élites locales y de los grupos de poder para intentar mantener dentro de los márgenes una sociedad que ya no es la que ellos quieren hacernos creer que es.

Los viejos dispositivos que funcionaron para integrar a la población a los deseos identitarios y a las formas de vida que constituyeron el modelo de paz social regiomontana, están desbordados. Pero no sólo por el anclamiento del crímen organizado en nuestras bases sino también al contrario, porque en la consecución de los “beneficios a la generalidad” que alcanzaron los ejes ideológicos y las prácticas de ingeniería social, esquemas que se forjaron dentro de los límites de las élites industriales y de los corporativos educativos, incluso ahí adentro de las redes inescrutables de la simbiosis entre Estado y Capital locales, alcanzaron también a cierta “mayoría” que hoy por hoy ya no se ve representada, ni en el deseo, ni en la imagen, ni en la pertenencia a dichos esquemas; por decirlo de otra forma, al parecer ahí mismo en el Status Quo regiomontano, maduraron las experiencias.

Esto supone que el reclamo de una nueva cohesión no vendrá de los márgenes excluidos, sino más precisamente de quienes requieren de dicha cohesión social para poder, sí, mantener los privilegios, pero no a ultranza, sino en relación con las posiblidades reales de consecuentar los modos de vida hacia el futuro, y esto pasa por el reconocimiento de que a nadie, y específicamente a esta medianía acostumbrada a la ignorancia funcional de los problemas sociales, le beneficia la confusión general, que hoy se instala a la vez como posible futura debacle, o como un aleccionamiento del poder duro, lease militar, para paliar el “caos”.

¿Por qué también la medianía de derecha se ha convertido en anti-élite? ¿Por qué desearía un equilibrio social para poder relanzarse a la consecución de sus fines? Yo creo que de cierta forma por su propia formación de cuadros basados en reglas incuestionadas, es decir, por el mismo hecho de haber sido medianía social obediente a las fórmulas de las élites y por haber participado y logrado como verdaderos realizadores, esa paz que a ultranza se buscó y sobre todo de haber cumplido cabalmente con los fines ideológicos de éstas élites: El sindicalismo blanco, el reforzamiento ideológico de la derecha en todos y cada uno de los ámbitos sociales, la familia, las amistades, los grupos de acción religiosa y de mantenimiento de la visión desde las colonias hasta las universidades. La impecable acción político-ideológica en los sectores intermedios de la sociedad, la especie de reclutamiento formativo que la misma movilidad social de los años 70 y 80 permitió que se desplazara hacia lo improbable una cultura obrera desarrollada.

Pero sobre todo porque fue esa medianía el campo de exploración real de la ingeniería social que bajo la coartada de la misma movilidad social y de ciera forma sin caer en una exageración del papel integrador y vinculador de clase, se dio a la tarea de servir de ejemplo y de escenario para el fortalecimiento de una clase media “compartida” en el imaginario colectivo. Hoy son ya millones, que se encuentran enmedio de dos frentes, el de la amenaza de caer márgenes fuera, es decir, en la evidente zona de exclusión, que tan bien han ayudado a mantener a raya, pero también frente al otro márgen, el de la pseudo-aristocracia regiomontana que ya ha abandonado el barco de luchar por el poder político nacional, el de ajustarse a las reglas del “capitalismo inmaterial” y se retrotrae hacia la administración de su feudo, es decir, reclama la ciudad para ella misma, y quiere imponer su destino de la misma forma que en el pasado; bueno pues, esa medianía regiomontana ya no estaría dispuesta a ello, le urge un ámbito más liberal para determinar ella misma su papel, y en ello está la posibilidad de aceptar la construcción de un vínculo social urgente, es decir, incluso ayudar a vencer la exclusión con tal de reconstituir de cierta manera su propio papel ideológico.

Desde las falseadas máximas filosóficas de Raúl Rangel Frías sobre la “frugalidad” local, hasta el imperativo de la opinión pública en las páginas de un sólo y único diario con influencia social real, pasando enmedio por el desmantelamiento y auto desmantelamiento de la izquierda universitaria y sobre todo por la ingenua creencia compartida por élites, medianía y márgenes, en el paraíso de la sociedad de servicios como evolución “natural” del industrialismo, sin pasar por la sociedad post-industrial, justamente, por ese “well done job” es que en este instante, tal medianía se abre finalmente al autocuestionamiento del verdadero papel que le toca seguir cumpliendo, pero, no puede haber ideología, no puede haber influencia política decisiva, enmedio de una “tierra baldía”, como José Jaime Ruiz gusta de llamar a nuestro descampado social; no, en este momento se requiere la cohesión como base, se requiere vivir en un ámbito de diversas optativas para que la lucha ideológica se lleve a cabo, si no, tanto para unos como para otros, tanto para medianía como para marginados, no habrá campo de juego, la coartada de las élites es total, o “wasteland” o “control completo”; al parecer ¿ya no está dispuesta la medianía a aceptar el chantaje?

2.-Mientras el pensamiento crítico entrampado, la medianía librada a su propio destino.

Es obvio que quienes están presos en la “otra medianía”, esos críticos ajonojolí de todas las causas, el otro pensamiento unidireccional que asegura que “sólo hay de una”, acabar con las élites y con la medianía de derecha que las sostiene, pondrán el grito en el cielo cuando lean las líneas anteriores ¿Sigue realmente operando como bien aceitadito el modelo de sociedad y el esquema identitario que las élites tradicionales de nuestra localidad inventaron hace décadas e impusieron sobre la medianía? ¿Desde cuando los “críticos ajonolí”, como llamaré de aquí en adelante a esa izquierda empequeñecida de la ciudad, no han podido entender que ellos mismos legitiman una visión de la élite al ensañarse contra esa medianía regiomontana y no ver que ella también está sedienta de una nueva cohesión social?

Pimero una anécdota: alguien comentaba hace años por qué le convenía al gobierno de los Estados Unidos que se pensara que el 11 de septiembre había sido un complot. La respuesta era sencilla pero profunda, el gobierno de Bush, lejos de lo que parecía, estaba cada vez más debilitado en los asuntos socioeconómicos, como finalmente se demostró hace un año con el crack brusátil, y el de la violencia efectiva del Estado era uno de ellos a pesar de Irak. Por ello el gobierno le daba salida e incluso podría haber estado sosteniendo las tésis del complot, porque lo hacía aparecer como fuerte en un ámbito que no le convenía perder, ese ámbito en donde debía parece fuerte no era el de sus “medianías” ideológicamente conformes con la guerra impuesta, sino justamente en los ámbitos críticos del poder gubernamental, que como se sabe en los Estados Unidos no son específicamente los críticos desde la izquierda, sino los grupos ultra liberales, anti federalistas y anti estatales; así que la teoría del complot funcionó hacia ambos sectores de la crítica, necesitaba mantener a la izquierda con temor y a la derecha orgullosa, así que de la tésis del complot a la ley de patriotismo, se radicalizó a la sociedad a su conveniencia.

Luego una metáfora: Las élites locales comenzaron primero vendiendo las empresas que crearon sus abuelos y sus padres administraron, luego perdieron verdadera injerencia en el PAN, que ayudaron con tanto éxito a fundar y hacer llegar al poder nacional, hoy se sienten superados frente a “esos muchachitos antidemocráticos”, Mauricio Fernandez dixit (y más hoy el larrazabalismo representaría un neo-neopanismo de corte “plebeyo” que va en contra de doctrinarios y neopanistas por igual); las élites locales vivido camuflajeadas como enfrentadas al Estado Nacional aunque se han beneficiado sin miramientos de cada gobierno priista; hoy en día se desentienden de todo lo que alguna vez fue la sociedad que los amparó y que los reprodujo a imágen y semejanza, desprecian su ciudad como espacio urbano y lo ignoran como campo ideológico; se han agazadapado en lo alto de su motaña en una “separatenstadt”, su ciudad imaginaria aparte, y hoy quieren influir para crear una pequeña nueva ciudad como “satellitenstadt” de servicios, en el núcelo de su vieja ciudad, mientras convierten en perifería, “schlafstadt”, la propia vieja ciudad (pongo como broma los referentes en alemán, debido a las nociones artificiales que sostienen ese sueño de las élites de rediseñar y reprivilegiar su ciudad desde un modelo más de diseño de interiores que de urbanismo); se desintegra el símbolo de la Cervecería, del Centro Cultural Alfa y también de pronto incluso risiblemente El Vaticano amenza con quitarles de las manos el control de los Legionarios de Cristo.

Aunque estos dos párrafos no expliquen por sí mismos mi hipótesis, si rozan de cierta manera el objetivo de este texto. El primer párrafo abordaría una similitud a la crítica al empresariado como el enemigo público, que le da más poder simbólico del que realmente tienen estas élites, crítica entrampada y autovictimizada, está siendo utilizada tambié ideológicamente al atacar a la medianía sin entender las nuevas condiciones en las que esta última resultaría benéfica en la disolución de los cotos de poder tradicionales; y el segundo párrafo se refiere al reposicionamiento de la clase media, antes sólo mimética respecto a los valores “totales” de las élites, una medianía que está abandonada ya a su propio destino, porque en el mismo devenir de la sociedad regiomontana, que les dio poder adquisitivo, movilidad social, ideología, compromiso específico de clase, alcanzaron una especie de “secularización” en sí y a pesar de todo, que los ha llevado a reconocerse como detentadores quizás no de “otros valores”, sino más específicamente como posibilitados para “otras valoraciones” de lo individual y de lo social, mientras las élites se desentienden por igual de ellos como de los ámbitos de la sociedad que han ayudado obedientemente a excluir.

Recordemos rápidamente algunas de estas posibles revaloraciones: El crecimiento exponencial de creyentes de otras religiones (la amenza que supuso para ciertos ámbitos, construir el templo mormón en la Colonia del Valle por ejemplo) enmedio de una supuesta primacía del “catolicismo de clase” que es como llamo yo a la coartada religiosa operativa en el “reclutamiento” ideológico tradicional de las élitas regias; las posibilidades que la educación superior privada y los empleos en consorcios transacionales, le dieron a un buen número de educandos, para estar cada vez más en número y en tiempos en el extranjero, estableciendo relaciones no sólo empresariales o de interés personal, sino intentando integrarse a otros contextos, lo que indefectiblemente obliga a reposicionarse en el contexto propio (el mismo Tec de Monterrey lanzó en los 90 aquel programa de “humanización” de los contenidos en las carreras y la Cátedra Alfonso Reyes, debido principalmente a que los cuadros que hacían posgrados o iban a prácticas en empresas en el extranjero carecían de referentes “filosófico-éticos”, pero en el fondo era un poco más bien que no manejaban esa llamada “cultura general” que les permitiera integrarse en los contextos cuturales desarrollados); el encuentro con clases medias y medias altas de otras ciudades de la región (Ciudad Victoria, San Luis, Monclova, Torreón, Saltillo, Mante) que llegaron a la ciudad a estudiar o a trabajar en los consorcios y que de una vez por todas comenzaron a minar el “exclusivismo” y el “chovinismo” local que la noción de emprendedor suponía para el identitario regiomontano, porque ya no eran los inmigrantes que venían solamente a hacer el servicio doméstico, choferes, trabajadores no calificados, a hacinar los cinturones de miseria periféricos e internos, y a trabajar en las casas de los “ricos” locales…no, ahora son jóvenes hijos de pequeños empresarios en aquellas ciudades, que los envían a Monterrey a estudiar y en donde se quedan y compiten por integrarse a la clase propietaria . Está también el catálogo de opciones de consumo privilegiado (ropa de marca, computadoras, iPod´s, restaurantes, clubes,etc.) pero sobre todo, el acceso cada vez más interclasista a ese mismo catálogo, no hay que olvidar que la sociedad de servicios no sólo transforma las reglas del consumo, sino que al mismo tiempo de cierta medida actua como agente equilibrante. Estas son sólo algunas variables a tomar en cuenta para entender lo que sería esa especie de “secularización” de los modos de vida de las clases medias altas regiomontanas, respecto al “imperativo tradicionalista” que fue en todo caso la norma ideológica que construyó la ciudad.

Está también el contraste entre optativas comunicacionales: Monterrey ha sido desde los años ochenta una sociedad prácticamente volcada en el consumo de tecnologías de la información, (la educación relativa a este campo diseño, artes visuales, música, periodismo, etc. es quizás uno de los ejes que más se ha desenvulto en la vida acaddémica local) desde las antenas parabólicas y el primer cable, a los teléfonos celulares de los noventa, al internet en los dos mil, a las redes sociales en la última década. Varios negocios alternativos juveniles en la ciudad por ejemplo, no gastan en publicidad hoy en día, sino que se basan en el listado de amigos en el Facebook. Si Monterrey es según algunas estadísticas que no citareos aquí, una de las ciudades en donde más se usa la internet en todo México, las consecuencias de ello apenas se están volviendo visibles, una de ellas es una intuición colectiva de que hay otras realidades y otros signos culturales, sobre todo en las sociedades tardo-modernas, que aún no han alcanzado a nuestra sociedad, y que hay que procurarse a como de lugar, según piensan los jóvenes.

Agrego brevemente dos ejemplos de esto último: Los años ochenta cuando los jóvenes regios de clase media comenzaron a viajar al Festival Cervantino, iban a la fiesta por las vacaciones de Semana Santa, pero también porque les parecía muy atractivo ir a una ciudad colonial en donde iban a convivir con gente de otras ciudades del país al calor de las copas, la mota, las morras y los morros en un ambiente festivo basado en las artes, cosa que en Monterrey no llegó hasta finales de esa década(*). En los años noventa aunque en las escuelas de artes plásticas y de música no se enseñaba propiamente en términos de vanguardias, conceptualismos y exprimentación, surgió una camada de creadores que “inventaron” una escena musical y artística parecida a aquellas que habían visto en películas como Trainspotting y en los libros de Taschen, que comenzaron a actuar como “chicos globales” , esto es, no sólo querían crear una escena local para sentirse en Londres o en Nueva York, sino que querían ser creadores para codearse en esas ciudades con la “clase creativa” de aquellos lares, cosa que varios lograron, aunque la “clase creativa” sea en Monterrey, en este instante algo más amorfo que determinado.

En esta última década, es otra cosa y ya los jóvenes no ven el Cervantino como “valor cultural”; mientras el Conarte, prometía hace un año que el Festival Santa Lucía, sería como el Cervantino de Monterrey, los chavos, ahora de varias clases sociales, han tomado como modelo Austin Texas, y sobre todo su festival musical anual South by Southwest para estar yendo cada temporada vacacional de la primavera y en el 2010 están a punto de emular este festival con dos encuentros enmedio de una semana, en donde tocarán junto a bandas de todo el mundo, con sus grupos, y harán “bisnes” con sus pares empresarios jóvenes de Nueva York y de España y de Inglaterra que vienen a vivir una experiencia mexicana, es decir, ahora son anfitriones de lo global, al parecer ha rendido frutos la “secularización” incompleta, de tal forma que están asumiendo la posibilidad de integrarse al nuevo mundo de los negocios, el de la empresa cultural destinada a los jóvenes, y sobre todo el negocio de la “cultura alternativa” , cuyo modelo de triunfo (Barcelona, Seattle, Austin) les es muy familiar porque lo han podido experimentar en carne propia como consumidores de nuevo alto perfil en ese campo(**).

Me podrán decir, sí pero son una minoría de la medianía, y buscan accesar también el poder como élite. Yo respondo, tal vez, pero independientemente de que quienes hayan palpado los beneficios de esta diversidad de valoraciones, y las hayan comenzado a poner en práctica, sean pocos y no se vuelquen en cuestionadores de los “valores de la élite” no significa que no estén poniendo en juego una serie de factores que por principio impiden ya clasificarlos solamente como masa acrítica o como “nueva élite”. Una de las razones por las que no lo hacen abiertamente y sobre todo porque que no lo hacen “intersubjetivamente”, es justamente porque la misma conformación de la sociedad regiomontana se constituyó en un silencio prolongador de los privilegios, y se piensa, eso sí, con mucho grado de razón, de que hablarlo, equivaldría a un suicidio social, pero también es cierto que estos nuevos cotos han iniciado un desmarcamiento de las reglas que les imponían sus padres y sus abuelos en el sentido del tipo de empresa que deberían de constituir, están comenzando a intuir que la empresa y el consumo culturales son el cambio y la salida, pero también intuyen que para que esa empresa cultural tenga consumidores, hay que jugar en un terreno de juego equilibrado, como dice Denisse Dresser, esos consumidores de los nuevos negocios tienen que ser también ciudadanos al mismo nivel, y tener la libertad de abandonar la cancha para construir otras, bajo otras valoraciones y otros sentires, reactivar en su movilidad el capital cultural.

Unos guardarán silencio porque quieren hacer permanente el control de la élite, otros para no revelar el papel “sedicioso” de sus cambios de valoración, pero lo cierto es que ya ni unos ni otros acatan el mismo modelo impuesto por las élites antecedentes. Lo que llamo la medianía, y no me detendré hasta más adelante en dicho término, justo cuando deje de llamar así a este ámbito demasiado diverso de la población regiomontana, ha comenzado a crear “diferentes Monterrey” , es decir, ha comenzado la disolución del concepto identitario y de la simbología de reconocimiento en el esquema de la regiomontaneidad, que sigue funcionando para las élites como para los críticos de las élites; incluso, respecto a la extra-ordinariedad de la élite y respecto al desprecio de lo ordinario por los críticos, la medianía recalca lo de medianía como un valor de “anti-reconocimiento”; es decir, homogeneidad como una forma de no dar a ver los verdaderos cambios que se operan en las mentalidades y en los nuevos intereses que se están formando.

Para seguir con los ejemplos aparentemente derivativos de la crítica a la medianía social pero que revelan mucho más, están las publicaciones que bajo el nombre de Club Uni y/o Club Tec edita el periódico El Norte. En ellas vemos dos fenómenos, uno que el modelo de la élite se “abarata” por ejemplo cuando aparecen estudiantes comunes y corrientes de la misma manera que aparece la alta sociedad en las páginas exclusivas de la edición Sierra Madre (el material del papel, el tipo de edición, la brevedad del texto, el aparato tecnológico de la calidad de la imágen y de la impresión), las ediciones no sólo son similares sino que son lo mismo, igualan aspectos aparentemente diversos de una misma sociedad, desembocan en la no-separación de las élites y de sus subordinados, pero esto no sólo es una ilusión de los subordinados, de ser igual a las élites que admiran y que desean ser, sino la realidad de que efectivamente lo son en las páginas de las ediciones, por lo que las verdaderas intenciones personales y de grupo no importan, lo que importa para todos es que la edición equilibra la balanza, aunque sea sólo una fantasía colectiva. Esto lo voy a desarrollar más adelante cuando hable de la manera en que la ciudad ha sido dejada a su destino también como una forma de “abandono” de las élites respecto a la ciudadanía general, y la manera en que estas consideran Monterrey sólo como un “campo de intervención” cuya transformación se decide desde el “ghetto del poder”, a diferencia de las décadas anteriores cuando las élites “edificaron” Monterrey y se “identificaron” con su ciudadanía general, exigiendo a cambio la lealtad de la masa, una especie de falso equilibrio que servía sin embargo como símbolo de la integración del poder empresarial en el pueblo y viceversa.

Lo otro es la relación con las instituciones y con la sociedad que denota la apariencia de los jóvenes en dichas ediciones. Tanto los chicos Tec como los chicos Uni, ya no muestran demasiadas diferencias de imagen como antaño respecto a las escuelas a las que van (el Tec para los ricos, la UANL para la generalidad) y al parecer hay una similitud de ámbitos sociales que impide identificarlos como dimensiones de clase opuestas; no, en la capacidad adquisitiva expresa en la vestimenta y en el “look” , estos jóvenes quieren expresar de alguna forma que hoy manejan las mismas valoraciones; se visten igual, acceden a las mismas marcas, se enorgullecen de mostrar fenotipos similares (aunque eso sea parte de una selectividad basada en el etnocentrismo de clase de la línea editorial de la empresa que busca fotografiar a chicos lo más parecidos a modelos de revista) pero lo cierto es que, indiferentes todos en esta sociedad a ese racismo incuestionado, lectores incluidos, están jugando a una homogeneización diferente y conveniente, si se le puede llamar asi, como una manera de impedir dos cosas a la vez: que se siga pensando el privilegio del consumo y de la forma de vida en términos de grupos exclusivos, y al mismo tiempo que no se les clasifique como potencial de anomalía social, esto es, los jóvenes en este momento, a diferencia de otras décadas en que la imagen de “rebeldes” y “contestatarios” les daba su fuerza como ámbito social específico, hoy se apresuran a parecer más bien normalizados de tal forma que no se les resalte como un posible grupo de atracción de la fatalidad social.

En la siguiente parte analizaré el asunto de la noción de “vida en crisis general” y la amenaza de violencia total y contra todos, como un eje del poder que implica también la necesidad de una búsqueda de “normalidad” a como de lugar, de una exigencia de “autocontrol” del comportamiento y de la identidad basada en la imagen, para toda la ciudadanía, especialmente para los jóvenes. Esto es justamente el chantaje optativo entre violencia y control, y la idea de que sólo el poder trabaja en pos de una posible nueva cohesión social. No otra cosa se desprende de las palabras de Felipe Calderón en Ciudad Juárez cuando planteaba que sólo el ejército puede responder a la peligrosidad de las armas sofisticadas del crimen organizado, dando por sentado que cualquier iniciativa de socialidad pasa necesariamente por la guerra es decir, es a posteriori, y dando al traste con la idea de que una mejor socialidad por principio, la evitaría. De esa misma forma se está en este instante trabajando “institucionalmente” para identificar al jóven de clase media baja y clase baja como carne de cañón de la delincuencia organizada, criminalizando toda organización espontánea en pandillas y similares, y al jóven de clase media y media alta como amenazado por el “secuestro” debido a una noción que identifica la violencia como una supuesta venganza de clase expresa como uno de los fines idelógicos de la “industria del crimen”, precisamente esta es la forma en que las élites están activando la lógica del todo o nada que veré en detalle adelante.(***)

Aunque no podemos saber efectivamente si la medianía es o no capáz de hacer una crítica a los modos de vida en su sociedad, lo anterior descrito sí los lleva a replantearsela de algún modo. Siguiendo con el ejemplo nimio de las ediciones “sociales”, para ambos, chicos Club Tec y chicos Club Uni, leyéndose mutamente, más simplemente para los chicos Tec quizás , del contraste entre las dos ediciones podría desprenderse un replanteamiento de su sociedad porque son quienes se ven de cierta manera obligados a ver en el acceso consuetudinario a bienes y a valores antes exclusivos de las élites, a los jóvenes, hijos de familias que han ascendido en el espectro social; y por el contrario, los hijos de estas familias en ascenso, podrían estar llegando a comprender las posibilidades de integración social por realizar, al demostrarles que el equilibrio en el acceso a bienes no representa en sí una cohesión social efectiva, que hace falta algo más.

Puede parecerles extraña mi conclusión, pero no es tal como una conclusión, es sencillamente el indicativo de una forma de relación entre ámbitos sociales específicos que en su misma imagen y en la manera en que se “equilibran” quizás falsamente en las páginas de una revista, plantean sin embargo una cuestión, la necesidad de un “equipararse realmente”; de la misma manera que los jóvenes artistas sustituyen el “consumo pasivo” de la internacionalización de la experiencia, la admiración a un modo de vida, por una búsqueda efectiva de “equilibrarse” con el jet set creativo e ir en su búsqueda real, hacerse “clase creativa” y aparecer en los medios que lo refieren (la avanzada regia del rock regiomontano, los cantantes que llegaron a Brodway y que empezaron en las clases extracurriculares de la UdeM o del Tec).

Las masas de jóvenes de esta ciudad podrían en este momento estar construyendo una peculiar forma de exigir la correlación de fuerzas sociales y de alguna forma establecer un nuevo sentido común, ni quietista ni explosivo, pero si conflictivo y productor de experiencias sociales enmarcadas y dispuestas más hacia la equidad, porque están exigidos ellos también de coparticipación y ello pasa por un reconocimiento y cuestionamiento de las condiciones imperantes, en última instancia ¿a quién le afecta jugar a una sociedad más cohesionada y reconductiva? Quizás, y aquí está la parte más arriesgada de mi hipótesis, esa opacidad social en este instante, ese reflujo de normalización, ese equipararse fálsamente, ese sueño de ser una “sociedad” en ascenso, esté asegurando también una tranquila y paulatina regeneración de la necesaria cohesion social (por más reformista que esto sea) en nuestros ámbitos y esa conveniencia de aparecer como “masa acrítica”, en realidad esté forjando una multiplicidad de nuevas valoraciones y encaminada a otros actuares, para pasar desapercibida ante la tentación de control total y de imposición de roles que parecen estar prosperando ante el azusamiento del chantaje de violencia desencadenada.

Es obvio que aquí falta hablar de los no propietarios, aqui hace falta hablar de los efectivamente excluidos del sueño regio, quizás ellos no tienen una coartada “inconsciente” sino que padecen directamente el problema, ¿deberán de esperar a que se consolide esa nueva derecha para ajustar cuentas o tienen posibilidades de efectuar el ansiado cambio social por sí mismas? o ¿las élites pondrán a funcionar una nueva inclusión que evite el estallido social del que no creo se sientan amenazados pero que sí pueden querer provocar? ¿No nos dicen los críticos ajonjolí que las élites empresariales han logrado completamete su propósito, desmovilizar la fuerza social efectiva, entonces, donde queda la posibilidad de una masa crítica que se oponga por ejemplo efectivamente al nuevo Estadio? ¿En qué quedamos, si toda la ideología proletaria se la ha pasado por el arco del triunfo Femsa, la Carta nos ha hecho impotentes y el futbol nos ha hecho esclavos mentales, entonces quién va a legitimar la movilización contra el Parque Ecológico? ¿De qué signo es la sociedad que pudiera hacerse consicente enmedio de tal confusión? ¿La masa de derecha y de izquierda por igual, lobotomizadas? Quisiera que alguien me ilustrara en ese sentido, pero siempre he sentido que la desconfianza en las fuerzas reales de la sociedad regiomontana, es una ideología de las élites, que comparten por igual los mismos críticos de las élites, que las respetan tanto al representárselas como eternas, inequívocas y malevolas. Ese fantasma del Grupo Monterrey todopoderoso.

Yo presiento que el poder ideológico que estas masas de una posible derecha renovada, discretamente liberada de la tentación elitista, finalmente intentarán detentar y contra el que muchos habremos de luchar en el terreno de la vida cotidiana (que explicaré en los siguientes capítulos) , tiene la ventaja de que ya no pasa por esos dos extremos: ni poder total, (sino contrastado, aparentemente equilibrado en el supuesto interclasismo) ni teoría del poder del complot de las élites, (precisamente en la medida en que éstas sean sustituidas por un liberalismo ciudadano)…ahora, faltan las masas excluidas, su papel, su lucha, el problema es que ¿no están esas mismas masas excluidas jugando también su papel al interior de la medianía social y por ende podrían operar como la pesadilla de las nuevas masas de derecha y ahí darse la verdadera ruptura? Por eso insisto, ¿no se parecen tanto los complotistas como las élites cuando ven el futuro sólo como escenario de una polarización inexorable? Yo creo que es el chantaje al que están jugando las élites; a los excluidos la amenaza de la violencia total de siempre y el aleccionamiento para la medianía de derecha que está coqueteando con la equidad social. Tenemos muy en la médula clavada esa filosofía política ranchera del “o todos parejos o todos chipotudos”.

…continuará.

(*) Hace tiempo escribí sobre aquella vez en 1986 en que el grupo de teatro musical industrial catalán La Fura dels Baus, se presentó en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, como parte del elenco del Festival de Teatro Español que trajo a la ciudad, el entonces Instituto de la Cultural de Nuevo León (ICNL) y Cigarrera la Moderna. Después de esas tres noches en que atestiguamos muchos un proyecto de arte multidisciplinario que enfatizaba a todas luces su carácter “posmoderno”, en la ciudad no sólo por casualidad, varias personas comenzaron a crear diferentes optativas de “vida cultural” provenientes de las ideas de jóvenes de las clases altas, proyctos antes inéditos en Monterrey. Aparecieron los magazines “posmodernos” como Galere en Arte A.C. , se crearon casas de moda “estilo NYC” en la colonia Del Valle (Zulema Olivares, Johnny Vicios, Sergio Ocañas) pero también en el todavía no llamado así Barrio Antiguo (Marcelo Ríos) , se comenzó a vivir la ciudad a través de bares gay ubicados en el centro y en la periferia, como Arcanos o Twist hasta culminar con el reducto de las nuevas juventudes “cosmopolitas” regias: el Koko Loko donde se pasaban los entonces novedosos videoclips de música alternativa (Depeche Mode, The Cure, el Chicago House y varios géneros primerizos de la hoy llamada Electrónica) que también, no casualmente, no era una disco en El Centrito o un club exlcusivo en los alrededores de “la colonia”, sino un bar en el centro de la ciudad, lo que significaba una especial relación y ruptura de los niños de la élite por “integrarse” a la ciudad “ordinaria” .

(**) El interés en Austin es muy peculiar porque los regios lo han adaptado como modelo según una relación artificial de similitud, que no es tal pero funciona. La capital texana se convirtió en un bastión de la escena del rock independiente norteamericano desde los años 60, ya que ahí aparecieron bandas como 13th Floor Elevators y la leyenda de su líder Rocky Eriksson. Se considera esa banda psicodélica como auténtica en su género respecto digamos a la psicodelia más “industrializada” y “oficial” de la moda californiana de aquella década. Esto no se comenzó a explotar hasta los años 90, cuando la escena de Austin ya se había consolidado alrededor del campus de la Universidad de Texas como una de las ciudades americanas en donde florecía la entonces llamada “cultura colegial”, esto es, el consumo de “nueva y otra música” basada en el potencial de negocios que suponían los jóvenes universitarios. Cuando llega Kurt Cobain a la escena musical norteamericana, una nueva celebridad “alternativa” surge de Austin, el cantante esquizofrénico Daniel Johnston, como respuesta “histórica” de la escena de Austin a la moda “alternativa”. De ahí, y blandiendo el emblema de ser la tierra de Eriksson, Johnston, los Butthole Surfers y otras “estrellas del nuevo underground” es que Austin comienza a recibir masas enteras a sus dos festivales “clásicos”: South By Southwest, para la escena alternativa y City Limits para la escena más “instalada” en el showbiz. Es en la última década que chavos de las clases medias altas regiomontanas comenzaron a asistir a estos festivales, especialmente al primero respecto al cual tomaron especial preferencia debido a varias razones. Primero que es un festival enfocado a lo gratuito, segundo que está basado en el concepto de “camaredería”, es decir, bandas y público se consideran iguales y comparten las calles y la fiesta, una cuestión es que los públicos y artistas a menudos son las dos cosas a la vez, así como artistas desconocidos se codean con artistas más o menos consagrados, teniendo oportunidad de llamar su atención o la de sus promotores; tercero que es el centro de la ciudad el “escenario”, sus clubes y bares normales se convierten en una red de tocadas que albergan el festival, mientras las calles, patios de casas y de escuelas se improvisan como una especie de “nación musical” espontánea. Esto no es tal, este festival ha sido a menudo denunciado como una farsa de integración y como un caos creado a partir de una supuesta independencia cultural. Pero a los regiomontanos, la relación con un ambiente geografico similar: el desierto, el calor, el espectro visual urbano que integra la vida de pueblo en la ciudad y viceversa, les ha bastado para sentir una atracción identitaria, claro existe la variable no percibida, que en la UT en Austin por ejemplo hay un núcelo de estudios especializados en cultura, por lo que estos festivales y otras actividades permanentes no son casualidad. Si en Monterrey eso no existe, a los “nuevos emprendendores culturales” regios, esto no les importa realmente, la cuestión es “importar” el modelo del festival y algunos de sus artistas y tratar de reproducirlo en nuestra ciudad, como sucederá en marzo del 2010 con los festivales, cosa que yo he referido como “voluntarismo cultural”.

(***) La “normalización” de la imagen individual como identidad acomodaticia también es el fruto de una “sobreproducción” de diferencia que se desencadenó en los años noventa, cuando en parte por necesidad individual de autoafirmación, en parte por mimetismo con el imaginario juvenil de los paises desarrollados, en nuestros ámbitos, el tatuaje, los aretes y los “raros peinados nuevos” como dice la canción de Charly García, se convirtieron en identidades de uso corriente, en un recurso masivo, cuando antes eran exclusivas de grupos juveniles relacionados con la llamada “contracultura”, activistas artisticos y políticos que pusieron en juego identidades “anti-normales” . Cuando el “outfit” punk se pudo comprar en una boutique, la apariencia no necesariamente representaba un gusto musical o una postura política; la masificación de las identidades contestatarías “falseadas”, “adoptadas”, fue sin embargo la prueba de fuego para las identidades que se consideraban “auténticas” , de tal forma que la exageración de las trasformaciones del cuerpo y la vestimenta, así como la hiper-mezcla de dimensiones antes opuestas en el jdeario juvenil (vestirse de punk a la vez que manejar un auto de lujo, oyendo música de Timbiriche y de Radiohead después) han producido dos extremos en la asunción de la imagen de los chavos, por una parte el fenómeno de los Emo, esos radicales del eclecticismo que por una parte asumen todas las imagenes juveniles posibles a la vez, como si fueran el receptáculo de la historia de todas estas, desacralizando e inautentificando las “originales” y que por otra encarnando esa especie de “esquizolook” se desentienden de la función de la identidad como la única forma de significación ante los demás en relación con la experiencia social de la vida cotidiana, ya que desenmascaran que la identidad es una “sobreproducción” y la imagen pública una saturación de variables, que se escenifica para y en los espacios sociales, y que puede ser modificada “al gusto” según el momento del tiempo y el espacio específico que se pretenda representar en la urbanidad actual, es decir, looks móviles, según la conveniencia, y tiempos sin disfraz para la soledad. Es ahí en donde aparece el otro extremo, cuando la identidad juvenil se desembaraza del “look” y de la “apariencia” para asumir la “normalización” no como una condena y como una imposición social, como una exigencia que vendría de los ordenes del poder, sino como una posibilidad real y libre de desembarzarse de las dos cosas a la vez, que lo social no toque el cuerpo y que no haya reclamo del orden y por ende posible represión de aquello que quiere elegirse en la soledad. No es casual que muchas de las novedades juveniles en la cultura contemporánea, desde la música de lap-top, la animación, la invención y programación de videojuegos, hasta el nuevo diseño de espacios personales y formas de arquitectura y diseño urbano, estén surgiendo de lo que se ha llamado “bedroom culture”; es decir un joven anónimo que desde su cuarto de dormir en su casa se comunica con el mundo, intentando modificarlo sin salir a la calle a operar esa transformación, por lo que no necesita ni imagen pública, ni distinción específica respecto a otra imagen opuesta intelectual, política o ideológica de su sociedad, y sobre todo por la extensión a casi todos los ámbitos del “trabajo inmaterial” y del “freelance job”. Este último extremo identitario, el de los “normalizados” por motu propio, se vive de una forma muy específica en Monterrey, no tanto en el sentido de la “bedroom culture” sino en el de la reubicación de las posiciones juveniles respecto a una sociedad estigmatizante por principio; recordemos que en esta ciudad hasta finales de los años 80 y parte de los 90, traer el pelo largo y vestirse estrafalario atraía no sólo las miradas y el escarnio, sino el insulto callejero y a la policia en última instancia. No es casual entonces tampoco que el joven regiomontano busque de nuevo asidero en una imagen juvenil tolerada, de tal forma que no le obliga por principio a dar explicaciones exteriorizadas sobre su elección personal y las puede elaborar de mejor forma. ¿Qué es lo que decidirá, qué identidad forjará? Está por verse.