Monterrey 2010: chichis, cheves y un balón.

Por Ángel Sánchez Borges
Ximena Peredo es una editorialista que muerde muchos de los anzuelos que se lanzan; en su texto de El Norte del viernes 12 de febrero del 2010 comienza su análisis sobre la doble moral mexicana con el caso de Lea Spencer, la encueratríz del Estadio Tec, que mostró sus senos operados en las tribunas. Peredo interpreta el acto como un ejemplo de una libertad de acción de la mujer que fue mal entendido por las autoridades, ante la sorpresa de “la gringa del Tec” de ser multada por mostrar las tetas y aducir que en los USA eso se acostumbra en las competencias deportivas y en los spring break, whatever it takes.
Peredo se queja de lo impúdico de cualquier programa de televisión y sugiere en esas pocas líneas, que el problema de nuestra sociedad es la doble moral, debido a ¿que no tolera la naturalidad de un acto individual de expresión del cuerpo y sí se traga la pornografía poco velada en las pantallas a toda hora?. ¿Pero no está calificando de impúdico lo televisivo? ¿Moral una sola entonces no? De ahí continúa haciendo un tutti frutti de temas sobre lo que los “políticamente correctos” debieran reflexionar, aunque está partiendo de uno que en relación a esta ciudad debería ser más cuidadosamente desglosado.
El problema es que hasta donde sabemos esa expresión en público es considerada exhibicionismo, venga de quien venga, y como en el caso de las parejas que usaban un terreno en San Pedro Garza García para estacionarse en sus coches a tener sexo , mediante el pago de una cuota por entrar al baldío, hay una normatividad municipal y en todo caso la cuestión de la libertad de acción y del uso del cuerpo en espacios públicos no es asunto solamente de moral sino de política.
¿No es nuestra cultura la misma que elige tener sexo en los moteles por la educación familiar que vive con el prejuicio del sexo juvenil temprano? Pero al mismo tiempo es la cultura en el que las chichis grandotas y el pelo güero y los ojos azules significan superioridad y naturaleza femenina elevada: las guapas para Peredo. La pregunta es obvia, si hubiese sido una mujer morena, con facciones de indígena, con sobrepeso y con las tetas chiquitas, ¿habría sido del agrado de los periódicos y de la televisión? ¿La libertad de comportamiento de Lea y el poco respeto que tendríamos a lo tolerable de las chichis al aire en su cultura, evidencia el obstáculo moral de nuestra premodernidad? ¿pero qué exactamente estamos exigiendo?
Partamos de otro pejucio, el mío, y digamos, Lea Spencer tiene la misma imagen de las mujeres que todas las mañanas aparecen en los magazines televisivos, y por cierto muy similar al caso de las llamadas “diosas del clima” que aparecen dando el pronóstico del tiempo en las televisoras locales en minifalda y con grandes escotes, es decir, no hace falta mucha sospecha para darse cuenta que quizás fue plantada ahí con el propósito de hacer una jugada publicitaria a la que ya se han agregado varios medios masivos de la localidad, basada en la cosificación de la belleza de la mujer ¿No está apareciendo con un “look” y un fenotipo muy similar a los anuncios que promueven los strip-tease en los “table dance” más emblemáticos de la ciudad? ¿cuántos días faltan para verla apareciendo como el estelar de la noche en alguno de ellos? ¿podemos meter las manos al fuego y decir que la encuerada del Tec es una casualidad? Peor aún ¿podemos meter las manos al fuego y sacar de ahí toda una conclusión sobre nuestra hipocresía? ¿Ha visto Peredo los “catálogos” que se reparten los clientes distinguidos de los mejores hoteles de la ciudad y que provienen de las empresas de modelos y edecanes que operan en lo diurno de una forma y en lo oscurito de otra? ¿ha visto ahí a varias chicas recién graduadas de las universidades locales, a algunas de sus amigas, o a jovencitas que asistieron a un casting para ser conductoras de televisión? ¿Por qué tengo yo ese prejuicio cuando tengo enfrente la imagen de Lea?
De nueva cuenta vemos a la analista supuestamente políticamente correcta, como la Peredo, que no se da cuenta que está activando el fácilmemente tolerable para los regios, racismo positivo, disfrazado de pensamiento liberal; le llama a Lea una mujer guapa, atacada por la ignorancia de nuestra cultura, o sea, ve a Lea Spencer como una víctima del prejuicio, pero no ve a Lea Spencer como una continuidad del prejuicio, como una comprobación del mismo. Yo no dudo de la espontaneidad de la Spencer, pero sí dudo que estaríamos dispuestos a tolerar una apertura colectiva de erotismo despreocupado en nuestras mujeres. No olvidemos cómo la mayoría de las mujeres en México, sufren por las calles un abuso cotidiano al ser agredidas verbalmente, o con los chisteos de cualquier pesado que por verlas solas y sin necesidad de que vistan “provocativamente”, ya se siente con el derecho de abordarlas.
Cuando le damos tanta importancia a las tetas de Lea en público, le estamos justamente quitando importancia al tema del acoso cotidiano a la mujer; al elevarla a”la gringa” a imagen criticable como el presidente de Los Rayados, pero peor, al dignificarla por estar evidenciando nuestra supuestamente costosa “doble moral”, estamos no muy inconscientemente entrando en el oscuro terreno de justificar el estado de cosas, es una confusión terrible que empaña lo que podría ser una visión un tanto más alerta de lo que está sucediendo en el futbol como fenómeno sociopolítico; ya lo he señalado antes, la violencia que viene de la mano de la radicalización de las barras, el poco espacio real que dejan hoy por hoy los estadios al aficionado común y corriente, es decir, cómo es que este deporte ha venido poco a poco alcanzando en México el mismo estatuto que en otros lugares, coinvirtiéndose en un hervidero de radicalismos “ultra” que ya se han salido a veces de lugar en Argentina, España, Italia,etc. Con documentaciones muy precisas del poder político que suponen hoy los clubes y sus relaciones más que opacas con el mercado financiero (el caso del Real Madrid y sus supercompras millonarias que el año pasado alertaron a los economistas en España sobre la influencia negativa que podrían tener para la economía de aquel país) o los intereses que en el futbol tienen funcionarios del gobierno de varios países (Berlusconi por ejemplo) y los dueños de los consorcios comunicacionales, o el vínculo de “barras” con organizaciones activas de ultraderecha beligerante como lo plantea el libro español y la película Diario de un Skin.
Pero no nos vayamos muy lejos, esta misma semana se ha dado en Monterrey una discusión a doble nivel sobre el lugar de privilegio que ocupa el negocio del futbol en nuestra sociedad, primero en relación con los reglamentos municipales de horario de venta de alcohol por la cuestión de que El Clásico de la ciudad se llevaría a cabo justamente después del límite en el que los domingos ya no se pueden vender bebidas embriagantes, negocio en el que se basa una buena parte de la economía local cada fin de semana. El debate se centraba en que Femsa, podría incurrir en una falta administrativa sin miramientos, ya que los 50 mil pesos que suponen la multa, pues claramente no representan un problema para los millones que generaría en las gradas. Pero entonces vino la amenaza de la clausura del Estadio y por ende el municipio pudo de alguna forma “convencer” a la empresa de no tomar riesgos. Pero también hay que entender que al inicio de una administración municipal de “mano dura”, la tolerancia con la falta administrativa, estaría evidenciando demasiado pronto que los intereses pueden más. Larrazabal sin embargo no cayó en la tentación tampoco.
El otro tema y quizás más fuerte aún, se deriva del desplegado que publicó Femsa el sábado 13 de febrero, en donde prácticamente le da carpetazo al asunto de la construcción del nuevo estadio de futbol, que había abierto el debate desde hace cuando menos dos años, cuando la anterior administración pública había hecho el compromiso de ceder terrenos del Parque La Pastora para la construcción del campo deportivo, y que había hecho levantar la voz y acciones legales de Ecologistas, entre ellos la misma Ximena Peredo; cosa que de alguna forma les dio resultado luego de que se generó una denuncia ciudadana que evidenció que se habían hecho estudios ilegales de suelo, y que se habían hecho excavaciones sin los permisos corrrespondientes, lo que llevó a la Semarnat a clausurar apenas el jueves 11 de febrerto, el terreno; y que desencadenó el deslinde de Femsa respecto a la irregularidad, aduciendo supuestamente no estar al tanto de ello, lavándose las manos y quitándole un peso de encima a la ciudad que ya se veía de nuevo “ultrajada” por otro manotazo inmobiliario.
En fin, ¿qué casualidad no? que Lea aparece en un momento, las semanas previas al clásico, en que que habrían de darse varios debates interesantes, no sólo sobre tetas, sino sobre cerveza y empresa cervecera, sobre reglamentos y más interesante aún, sobre tierras que usufructuaría esa empresa cervecera; sobre planes inmobiliarios y compromisos políticos heredados, además sobre los papeles específicos que tendrán que jugar empresa y gobiernos, estatal y municipal de cara a la nueva década: en fin muestras del poder del negocio del futbol, quizás el único negocio con futuro en un ámbito en el que ya no pintan nada las viejas ansias de post-industrialidad; en un tiempo que ha visto retraerse a los grandes consorcios hacia la administración de sus “tiendas de abarrotes” y sus “tiendas de raya”…
…el paraíso local “cultural” de la cheve, la chichi, y el balón….