Festivales Musicales en Monterrey: ¿avanzada o simple voluntarismo cultural?
Por Ángel Sánchez Borges

Dice ese dicho que el que no conoce el pasado está destinado a repetirlo, pero también quien no conoce las posibilidades del futuro está destinado a plagarlo de errores evitables. Con mucha sospecha ha reaccionado un grupo de promotores culturales nacionales independientes al subrepticio marzo musical internacional que espera a Monterrey con los festivales de NRMAL y MtyMX (del Garage) que traerán a la ciudad un conglomerado de artistas internacionales en un periodo de dos semanas y se pretenden incluso ser eventos integrales de cultura urbana, diseño, arte, encuentro de “profesionales” de la independencia cultural, etc.
Desde el día de publicación de los dos eventos, hubo una confusión fuera de la ciudad de Monterrey por varias razones; se pensaba que el evento era uno y el mismo, luego se fue corrigiendo el error, pero causó mucha excitación el hecho de que dos eventos de diferente magnitud y empresa coincidieran en Monterrey en tiempos en que este tipo de eventos están siendo prácticamente desmantelados en otras ciudades del país, y que disolvieron las iniciativas de promotoría y empresariales que las hacían posible.
La pregunta era ¿Monterrey está tomando finalmente una estafeta a la que estaba destinada, ser como la Barcelona mexicana? Y se analizaba el “line-up” de cada uno de estos festivales como una felíz coincidencia, en todo caso, ya que por una parte se celebraba el atrevimiento, pero por otro era notorio que los programas estaban siendo de cierta forma improvisados, basados en dos o tres luminarias del “indie” y del “elecrtro indie” pero rellenado todo simbólicamente con bandas locales que de hecho circulan cada fin de semana en los dos o tres espacios que hay en esta ciudad, y que de pronto mostraban que no hay mucha tela de donde cortar.
El verdadero problema surge cuando comienzan a enterarse de que por ejemplo en el caso de MtyMX los organizadores locales ignoran de qué van y a que suenan muchas de las bandas que vinen de Estados Unidos, específicamente de que un organizador de fiestas en el renombrado festival South By Southwest de Austin de alguna forma u otra tiene carta blanca en la definición pero ¿efectivamente eso supone que hay interés del público regiomontano en oir ese line-up? Una ciudad que no se ha caracterizado por la curiosidad en las novedades culturales, y mucho menos musicales de pronto ¿está apta para convertirse en consumidora de proyectos que nadie conoce?
Cierto sector, muy mínimo por cierto de jóvenes regiomontanos adscritos a la moda hipster han formado reciéntemente bandas que suenan al Mutant Disco neoyorquino y sus seguidores juegan a Austin cada fin de semana En El Garage, y eso basta para creer que se puede crear una pasarela fronteriza de modos de vida imitados para integrar un festival de tres días que podría estar significando la verdadera debacle a nivel de negocios del mismísimo Garage. Un espacio que no tiene un equipo de trabajo, ni un sistema organizacional, de pronto se aventura a un espacio masivo como el Autocinema Las Torres que se llena con decenas de miles de personas y confía en un consumidor juvenil regiomontano que no tiene por costumbre real salir a buscar experiencias innovadoras. ¿Es ese el modelo que hizo surgir el Primavera Sound o el Sónar en Barcelona?
Un día comentaba yo ante el desagrado de mis escuchas que en Austin surgió a finales de los 80 y a principios de los 90 una “avanzada musical” naturalizada por el hecho de ser una ciudad universitaria por principio; pero no hay que olvidar que también ello fue empujado por las cámaras de MTV y la CBS cuando Kurt Cobain solía comentar sobre Daniel Johnston y usaba camisetas de muchas de las bandas que tenían en Austin uno de sus sectores privilegiados de respeto. Monterrey no ha hecho mucho en este sentido, aquí apenas hace unos tres años que se puede hablar de un circuito internacional debilón, dedicado quizás a ciertos DJ´s de renombre under, pero en espacios que cuando mucho pueden albergar entre 500 a mil personas, ¿por qué de pronto comenzaron a soñar en Austin? ¿porque era un reducto de algunos en el puente de la semana santa o fechas aledañas, y entonces entre los bares de la calle 6 comenzaron a soñar en reproducir la cantaleta en regiolandia?
El otro problema es el chovinismo inconsciente del que están padeciendo ambos festivales, están rellenando el loable line-up internacional con bandas de pequeños grupos de seguidores, que cada fin de semana se recorren para dar la idea de que hay una escena local aconteciendo, pero que en todo caso representan la oferta poco móvil de la noche regiomontana, la realmente poco móvil noche regiomontana, hay que recalcar; y entonces no han volteado a ver que uno de los motivos por los cuáles fueron posibles los festivales nacionales e internacionales con los que se comparan o no se comparan, es la responsabildad y la profesionalidad de quienes están encargados de la parte del “booking”. En España, y en USA, hay una representatividad importante de los artistas nacionales que han crecido en el contexto inmediato y que están a la altura de los festivales internacionales, además de que es una oportunidad justamente de que los festivales no agoten sus recursos a la primera ocasión.
El reconocimiento del talento nacional que ha gastado esfuerzos en internacionalizarse, como en el caso de México, con muchos artistas que no han sido tomados en cuenta en estos primeros intentos de festival en Monterrey, es importante además para mostrar a los públicos la necesidad de formarse en conjunto, tanto productores, sponsors, públicos y artistas; va de la mano la responsabilidad de autoreconocernos con la posibilidad de crear mejores condiciones para el mañana cultural, y no sólo decidir por discrecionalidad, amiguismo o peor aún, la terrible y tan compartida “hueva cultural” que tanto padecen instituciones públicas y privadas dedicadas al ajo.
Si nos debatimos entre la mala voluntad, la ignorancia y la hueva, acerca del arte nacional, todos los otros logros vacilan y se diluyen también. Hay que crear instancias maduras de promoción cultural, hay que relacionar proyectos con diálogos abiertos y críticos, hay que demostrarle a quienes puden soportar estos festivales con su dinero que son más que llamarada de petate; eso es lo que hicieron en España festivales como Sónar, Benicassim, Primavera Sound,que hoy por hoy, los fines de semana que se realizan vierten decenas de millones de Euros por la manera en que activan la economía completa de sus ciudades, cosa basada por cierto en la diversidad de opciones que parte de esa responsabilidad en la oferta artística de cada año; eso es lo que están intentando año con año Mutek Canadá, Communique de Denver, Decibel de Seattle, pequeños proyectos que tienen ya repercusión internacional y son considerados como ofertas culturales generales, no sólo locales y regionales.
En México Mutek Mx, que ha sido el festival que más se aproxima a ser un festival de nivel internacional como los mencionados, entendió desde el principio la necesidad de manifestarse como un detentador de las propuestas del talento nacional más actual, y cada año seleccionó dedicadamente las propuestas que estaban a la altura de la circunstancia. Interface de Puebla, por año estuvo garantizado por el apoyo del gobierno del Estado, y a diferencia de Mutek, basaba toda su fuerza en los artistas nacionales, de música, de arte electrónico, de artes plásticas, pero tenía una curaduría responsable y detallada, crítica con lo que iba a incluir y así el recurso público podía ser justificado, ya que había un verdadero diseño de programa basado en la calidad demostrable. En los inicios de la década que termina, en Monterrey el Centro de las Artes coordinó un festival nacional de música experimental llamado Exploración que yo curaba; ahí la tarea era integrar a nuevo talento con viejos hacedores y luchadores desde la trinchera de la música de vanguardia histórica en México, como una forma de acercar a las generaciones de creadores y de dar un panorama a los públicos de una esfera de creación nacional de décadas. Una ciudad como Monterrey, en un tiempo como este, con estos antecedentes, no puede creer que está partiendo de cero ni descubrirse como el hilo negro, pues eso es caer en el más puro voluntarismo cultural y peor en el aislacionismo.
Una forma de exigir una creación de mayor calidad en la música nacional es no incluir indiscriminadamente; no por mucho abarcar se aprieta mejor; además de que un negocio en forma a la altura de los tiempos, un negocio cultural, una empresa de promotoría artística, que es el signo del presente, debe partir a fuerza de establecerse en base a reglas, de entender la tarea a futuro de forma previsible, de comprender la necesidad de que el mercado se construya de manera real y no ficticia, de entender las verdaderas necesidades de cultura que tienen amplios ámbitos de la población.
Para que no quede presa de la transitoriedad, un nuevo tipo de negocio cultural debe de situarse en los puntos de encuentro de las formas de percibir variadas de nuestras sociedades y sobre todo de las juveniles, debe de inscribirse en el intercambio de nociones y no partir de las mismas como si estuvieran predispuestas, en última instancia debe de lograr un reconocimiento complejo, que no sólo sea la fiesta y el entretenimiento, sino la confluencia de creación, placer e ingresos, de capacidades de reinversión y mejora, de calidad y riesgo; curiosamente estos son términos que hoy por hoy comparten iniciativas de negocios con las iniciativas culturales. El futuro ya llegó…youngsters!!!!