La técnica de lo subalterno vs. la ingeniería del vínculo social
Por Ángel Sánchez Borges

Me ha pasado desde hace ya varios años en que decidí escribir sobre mis avatares en y frente a la cultura regiomontana que no sólo la gente criticada se molesta por lo que escribo, sino también terceros que supuestamente ven en mi postura algo inmoral, incorrecto. Alguna de esas gentes deciden atacarme según cuestiones personales, señalan mis vicios, se refieren a mis antecedentes familiares, descubren en mí frustraciones psicológicas, etc. Otra gente me reta directamente a golpes, me busca por los bares y cantinas para amenazarme y me envía mensajes con otros asiduos a la bohemia para que me entere que mi cabeza tiene un precio ( o cuando menos mi boca).
Hay un tercer tipo de personas que me sugieren o me plantean abiertamente que debería irme de la ciudad, suponen que mi actitud es simple complejo de superioridad o que trato de minimizar mi condición local por el hecho de que mi trabajo artístico haya tenido cierta repercusión a nivel nacional e internacional; la figura del desterrado es quizás para la gente la más tolerable, pero definitivamente es la más excluyente, es decir, cuando la gente se siente cómoda de no estar apelando a la violencia o a las inconsistencias personales en contra de alguien, lo que hace es plantearle al no deseado que su papel está lejos de aquí, ser profeta de otra tierra: “a ver si como roncas duermes”
Hace unas noches guardé silencio ante un velado pero consistente ataque de una “promotora cultural en la ciudad con más de 30 años de actividad” como ella misma lo recalcó en su diatriba sobre la necesidad de que me fuera de la ciudad: “Pero no vuelvas pronto” remarcó. Guardé silencio porque empecé en ese instante a reflexionar, cosa que no sucede a menudo, ya que como muchos lo saben porque me conocen, el filo viperino es cosa mía, y por cierto la exasperación ante la menor provocación; pero no, me callé la boca porque me quedé en ese instante pensando en algo que finalmente desentrañé a posteriori.
Una de las razones por las que han calado más mis críticas y por lo que la gente a la que más le han podido, no son ni los funcionarios mentados, ni los trabajadores de las instituciones aludidas, sino personajes que viven en la “pseudo independencia” cultural, es que de cierta manera hablan de algo que está flotando en el ambiente y que mayormente se entiende y se mantiene en silencio; saben cómo está el ajo de las iniquidades del poder, de los tejes manejes del día con día, practican de cierta manera la conciencia pública pero en realidad aguantan lo que sea, las sacudidas del reacomodo administrativo, las formas secretas de mantenimiento de las jerarquías disfrazadas de cambio político, y por cierto se sienten acreedores a la benevolencia de cualquier funcionario por encima de ellos, no sólo por lambisconería, sino por ser prácticantes expertos de las técnicas de lo subalterno.
La técnica de lo subalterno es lo contario de la “ingeniería del vínculo social” de la que habla Pierre Lévy; a diferencia de la búsqueda del valor de la autonomía intelectual compartida, el “técnico del subordinaje” le ofrece una protección calculada a su ascendente en la jerarquía institucional, primero al desglosarle las críticas al jefe, no sólo lo mantiene al tanto de lo que hacen y dicen sus enemigos, sino que elabora una estrategia discursiva para hacerse aparecer como mesurado en sus puntos de vista, a dos niveles, es decir, que por una parte le haga sentir de cierta forma la amenaza que pende sobre el funcionario si no se cohesiona con el subalterno (es decir le vende su lealtad), a la vez que le deja claro que no es su intención dejar de ser su subalterno (sometimiento táctico que es a la vez chantaje modulado, es decir, psicósis autocontrolada en aras de dejar claro que antes de todo está siempre la cohesión grupal del equipo en el poder).
Pero aún más, existen aquellos “técnicos del subordinaje” que engrosan las filas de los grupos críticos y pro-autónomos (desde los que se gestan de cierta forma espontánea a los otros de mayor conciencia organizacional) por fuera de los grupos apegados al poder. Estos son los más desastrozos para la formación de la autonomía compartida, ya que ensanchan de cierta manera los grupos marginales y le ofrecen de igual forma que a sus jefes, informaciones importantes para conocer las posibilidades de lucha, pero al mismo tiempo minan el fin propio de los movimientos al ofrecer su expertise entre la burocracia y el activismo social, no por ser de doble intención, ni por estar impolutos ideológicamente, sino simple y sencillamente porque no se acercan a los grupos autónomos con una intención individual que represente realmente su visión de las cosas, se mienten a sí mismos y aunque los demás no descubran su mentira, aparecen ya como elementos tergiversadores en sentido peyorativo, minando la posibilidad de comunicación más amplia e introduciendo un factor de desmovilización eficaz que es la desconfianza.
Esta desconfianza no es como en las organizaciones revolucionarias centralizadas, la de la posible infiltración, la paranoía respecto al espía y el doble agente, sino es más precisamente la imposibilidad de ser efectivamente “agentes” en el sentido directo de la palabra, aquel que tiene la posiblidad de ofrecer su autonomía y su independencia para poder trazar relaciones de vinculación; dice Pierre Levy:
Todas las operaciones efectuadas por un sujeto que domine un objeto exterior en las tecnologías moleculares de la materia o de los mensajes, se convierten en proyectos de implicación, en acciones sobre sí, en interacciones recíprocas libres en la ingeniería del vínculo social. En la esfera de lo humano, las tecnologías moleculares proponen a los grupos y a las personas instrumentos que les permiten valorizarse ellos mismos (las negrillas son mías), cualidad por cualidad.
Los técnicos de la subordinación no son simples subordinados, son pre-agentes, trabajan para la no constitución de las voluntades y acciones comunes; no sólo desmoralizan, no sólo recontraen la crítica, sino que realizan acciones de sabotaje de las ideas, yendo y viniendo entre la burocracia y el activismo; burocracia que no significa sólo ser empleado del gobierno, sino burocracia paralela, que es terriblemente más dañina porque introyecta un estado de cosas sin necesariamente vivir en tal estado de cosas, ¡ en este caso psicósis programática !

¿Cuál es la tarea que nos proponemos algunos al permanecer en la ciudad, en lugar de irnos o peor, de aislarnos e ignorar todas estas problemáticas? Yo estoy convencido de que en este momento la Ciudad de Monterrey puede reconstituirse transversalmente, por fuera tanto de la representatividad de las instituciones como la de los grupos “profesionales de la cultura”, tanto los adscritos, moldeados y subalternos, como de los preagentes y mercenarios. En las siguientes entregas y también en el blog gemelo de este www.emptyseries.tumblr.com , estaré reflexionando pero también practicando un experimento teórico-político-estético en la ciudad de Monterrey en donde intentaré integrar un trabajo de análisis urbano con una acción cultural basada en el uso de las tecnologías de la información, especialmente los recursos multimedia.
En lugar de desterrarme, o sea, en lugar de reterritorializarme y ser el mismo pero en otro lugar, voy a reconocerme en la desterritorialización mía y de los demás en mi propia ciudad; voy a interrogar-me en espacios de mi propia ciudad que son ajenos a mí y adentrarme en ámbitos a quienes yo les soy ajeno, intentaré demostrar que la necesidad de vínculo no es sólo la de inclusión. No caeré en el ridículo de atestiguar el desenfreno en el bajo mundo, o inventar un underground en las prácticas embriagantes o eróticas de tugurios, después de todo ese es el modelo de ciudad que impone el mismo poder y que implica la separación operada por el binomio fetichista-comercial en el que tanto se ampara Monterrey.
No, lo que haré es en todo caso revalorar un espectro urbano-social de tal manera que pueda referirme a mí y a los que no son como yo, pero partiré efectivamente de la realidad cotidiana en la que se inscribe esa valoración; la cual no es exclusivamente social, sino también psico-geográfica, atañe a la manera en que los lugares se despliegan y se vivifican en las mentes, intentando integrarme y a la vez resaltar por sobre ese concierto de mentalidades e intentado cierta reciprocidad intelectual. De los resultados irán ustedes sabiendo y juzgando.