Kinky Business vs. Zabaleta

Jamás pensé en defender a Susana Zabaleta, algunos comentarios racistas sobre las empleadas domésticas y una especie de ridiculéz exagerada que la caracteriza me han alejado de tener una opinión objetiva de su trabajo.  Pero tengo que decir que ahora que la banda Kinky se ha lanzado como perra madre contra la cantante y actríz por un supuesto mal uso del mismo nombre en un espectáculo de La Zabaleta, cabe hacer un poco de conciencia y poner un tanto en su lugar el carácter y la identidad de estos dos “artistas mexicanos”.

Los de Kinky piensan que son los únicos a los que se les ha ocurrido tal nombre, dentro del mundo de la música, Susana dice que es un término de los años veinte y con eso quiere dejar claro el antecedente, yo quiero mencionar otros dos, el término Kinky es usual en las páginas porno en internet, la frase “kinky stuff” es una forma de caracterizar un comportamiento en cualquier conversación en inglés y en 1992 los Happy Mondays, que son superiormente famosos a Zabaleta y a Kinky, lanzaron el single Kinky Afro, de su increíble disco Pills, Thrills and Bellyaches, tema por cierto que tenía la gran frase inicial de: “Hijo, tengo 30 años, y sólo salgo con tu madre porque es una sucia”…Eso es ser kinky, de tal forma que el calificativo a la banda regiomontana por cualquiera de sus dimensiones no se le aplica, Kinky, en realidad no tiene nada de kinky.

Estos ya no tan chavitos y sus asesores jurídicos pretenden hacer creer que Susana se está colgando de su fama, argumento que ya habían sacado en sus inicios cuando un promotor latino pretendía hacer una gira con Plastilina Mosh y ellos por los Estados Unidos (que hubiese sido muy jugosa economicamente para ambos) y los Kinky dijeron por aquí y por allá que los Mosh querían aprovecharse de que en ese momento ellos eran más prometedores y que se iban a colgar de su nueva fama para reanimar la perdida por los Plastilinos…cuando yo conocí aquella historia que podrá no ser verdadera, pensé que era la mejor manera de meterse un autogol, porque la fama, la calidad, la superioridad se demuestran precisamente ahí; la cosa era más bien al revés, creo que Kinky tuvo siempre miedo de no llegar a ser lo que Plastlina hubo alcanzado, sea lo que fuere…

Del mismo modo creo que ahora los Kinky se están aprovechando del affair Zavaleta para verse determinantes y entonces cobrar relevancia y publicidad con un caso pequeñísimo como ellos mismos: una banda-engendro, un grupo por demás aburrido, repetitivo y sobreactuado, que tiene que payolear cada tanto para poder reactivar su imagen en el Gente de El Norte, que si bien se maneja desde L.A. y vende temas a series de televisión, es en realidad una banda dedicada a llenar el hueco de mala música latinoamericana en los sectores más ignorantes y basados en la nostalgia post-México que los paisanos en los USA detentan como bandera de reconfortamiento por la lejanía de sus orígenes, ese sector que se enoja con los que vivímos de este lado,  como cuando  un promotor mexicano les dijo que en México no queríamos ser post-México sino que eramos Post-Everything.

Así, Post-Everything es la propia Zabaleta que por igual es una cantante de pop, que actriz, que mezcla la música con el performance desde hace años, muchos años antes que surgiera Kinky, que es una de las pocas conexiones que en este país hay en este momento entre el mundo de la música comercial y los sectores culturales cualquier cosa que eso signifique, porque la Zabaleta se mueve más o menos bien entre esos dos rumbos, como su esposo Gruener y su socio artístico Gabriel González Melendez, y eso se conoce desde los días en que Susana estaba (y sigue estando) en el elenco del cabaret El Hábito, ese espacio que alguna vez creó Salvador Novo y que pasó por las manos de Jesus Rodríguez y Lilian Felipe y que ahora alberga un pequeño “mol cultural” en Coyoacán, todo un referente pues.

Susana Zabaleta seguramente le saca más partido al término kinky cuando habla duro y fuerte acerca de la libertad sexual, del matrimonio abierto, cuando expresa su fuerza erótica en el escenario, cuando crea espectáculos en los que se va y viene entre la literatura, la cachondéz, el canto, el humor, todas esas cosas que el grupo llamado Kinky simplemente no alcanza, un grupito de rock pop impostando lo norteño, moviéndose en el escenario como si fueran a deshacerse en la interpretación, por debajo de unas pobres secuencias sub-programadas, delimitado a su cuadrito de negociantes amaestrados, viendo la música como un subterfugio sólo para sacar su dinerito, confundiendo una carrera musical con un papel de mercachifles chiflando tonaditas para teens en etapa masturbatoria, cosa totalmente no-kinky.

Si bien antes he pensado en Zabaleta como una racista y oligofrénica, en ese sentido la monclovense se adjudica sin reservas mejor el calificativo kinky, por eso se mofa aunque concilia, dice que la Mattel le debería cobrar a Edgar Valdéz el uso del nombre Barbie, mientras asegura que su representante legal ha intentado hablar con la gente de Kinky, que más bien deberian llamarse Square, pero que estos se niegan y además utilizan tácticas intimidatorias enviando observadores a los shows de la Susana para hacerle sentir el rigor, mientras ésta seguramente con esos encantos y esa lengua por demás antojable les deja claro cada noche en El Vicio, que no pertenecen a la misma realidad; ella moviéndose libremente en el mundo de la creación artística y conectando con el negocio de la música popular, ellos queriendo ser populares pero condenados por su propia falta de talento a ser unos cuentachiles.